Se intensifica la ‘guerra civil’ de Valencia .

Ha pasado un año que, con la destitución como técnico de Marcelino García Toral y la defenestración como director general de Mateu Alemany, la « guerra civil » estalló en Valencia y el conflicto, Lejos de disminuir, el divorcio total entre el propietario Peter Lim y sus fanáticos ha empeorado.

Durante el verano, al calor de las rebajas de varias de sus principales estrellas, la demostraciones seguidores exigiendo la salida del inversor; el club tuvo que recurrir a «pagarés» para pagar las fichas de la temporada pasada, las administraciones públicas exigieron públicamente que retomara las obras del abandonado Nuevo Mestalla; y en los últimos días la Agrupació de Penyes y el club han roto sus relaciones.

MARCELINO, EL POP

Tras volver a golpear el cielo tras más de diez años de sequía con la conquista de la Copa del Rey en 2019, la relación entre el equipo que formó García Toral y Alemany (en alta estima por la mayoría de aficionados) y Lim y sus directivos se deterioraron durante la carrera y la entidad echó al entrenador 11 de septiembre de 2019 con la Liga ya en marcha y acordó dejar el ejecutivo. Luego lanzó una operación para destruir el proyecto que habían construido.

Comenzaron a desaparecer de las fotografías y sus nombres fueron olvidados en las transcripciones de las declaraciones. Finalmente, sus amigos y colaboradores del club han comenzado a ver cancelados sus contratos, incluido el ex jugador histórico Paco Camarasa, destituido como delegado del primer equipo a finales de la pasada temporada.

Con el argumento de la profunda crisis económica que atraviesa el club, agravada por el COVID 19 y sobre todo por no clasificarse a competiciones europeas, la entidad decidió limpiar los vestuarios y entre los elegidos también estaban los que estaban el más importante públicamente a favor de su ex entrenador.

PLANTILLA DESMONTADA

Fue primero la no renovación de Ezequiel Garay, luego la venta de Francis Coquelin al Villarreal con el capitán Dani Parejo casi dado en el pelotón y finalmente la de Rodrigo Moreno en Leeds. La marcha de los dos últimos, las dos caras del proyecto ganador de la Copa, terminó de despertar a la afición.

Ambos se despidieron amablemente pero Las lágrimas de parejo agradecido por no poder explicarle a su hijo por qué dejaba el equipo «de su vida» y la renuncia de Rodrigo admitiendo su «penalti» por la deriva del club solo refuerzan el vínculo entre la oposición emergente. Por todo esto, no hay director deportivo.

Lo hace aún más, el presidente Anil Murthy, llegó apoyado por su pasado diplomático pero cuyas intervenciones (en una carta o en un fanzine asiático desconocido porque en Valencia no habla con los medios de comunicación) generalmente terminan en fuego.

Volvió a suceder durante el verano con una carta a la afición en la que deslizaba que solo esta nueva política de venta de jugadores y ningún fichaje puede salvar al club de la quiebra. «El gato de agua fría escaldado se escapa. Debes ser un idiota para seguir el camino del gasto sin pensar en cómo va a pagar el Club», dijo en una comparación desconcertante.

EL ESTADIO, EN EL CENTRO

En este clima de desprendimiento, el Ayuntamiento de Valencia reabrió y redobló la presión para que el club reanudara la construcción del Nuevo Mestalla, a lo que Lim se comprometió sin estar legalmente obligado cuando adquirió la mayoría de las acciones del club. Por la imagen de la ciudad y porque también debe construir una serie de instalaciones deportivas públicas. Este miércoles el alcalde Joan Ribó Murthy instó en una reunión a volver a solicitar el permiso de construcción y abrir un gimnasio.

Iniciado en 2007, las máquinas se han parado desde 2009 y cíclicamente, el club rehace el proyecto sin que vuelvan las excavadoras. Su argumento es que no tendrá dinero para hacerlo hasta que venda el actual Mestalla.

Pero la Acción Estratégica Territorial que Lim firmó en 2015 con la Generalitat incluía el compromiso de completar la obra en ambos escenarios para 2025. De hecho, el nuevo estadio debería ser en mayo de 2021. Si no hay Prórroga, la reconversión en zona comercial disminuiría pactada para la antigua Mestalla. Otro revés para una economía que está (y todos coinciden) al borde del precipicio.

OPOSICIÓN Y QUEJAS

Tras varios meses de perfil, la Agrupació de Penyes se levantó hace unos días y en una asamblea extraordinaria suspendió la dirección de Lim y pidió la dimisión de Murthy o, en su defecto, su despido. La respuesta del dirigente no se hizo esperar: una carta exigiendo que en dos semanas abandonaran el local que tienen desde hace más de veinte años en el bajo Mestalla con la excusa de necesitarlos para la Fundación.

Pero no fueron solo ellos. Varios grupos de presión buscan consolidar acciones para cabildear legalmente y se presentó un exasesor una denuncia contra Lim y su socio y « super agente » Jorge Mendes (entre otros) por lavado de dinero y corrupción por supuestamente lucrarse ilícitamente con la compra y venta de derechos de jugadores.

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